Antes de tirarte a armar veinte agentes, pará. El error más común es querer automatizar todo el primer día y terminar con un tablero lleno de loops que no verifican nada. La posta es arrancar con una sola tarea, chica, repetitiva y que te genere fricción todos los días. Si te lleva menos de cinco minutos, no vale la pena. Si te lleva más de una hora y la hacés con bronca, ese es tu candidato.
La regla es simple: elegí una tarea que tenga un criterio de éxito objetivo. Por ejemplo, si sos contador, podés arrancar con la conciliación de una cuenta puntual. Definí el trigger (qué dispara el loop: puede ser un mail, un formulario o un cron diario), el paso de ejecución (qué hace el agente, con qué herramientas y hasta dónde llega) y el verifier (cómo sabés que lo hizo bien, o sea, qué dato tenés que revisar antes de darle confianza). Si no tenés verifier, no es un loop: es un prompt suelto con mala suerte.
Una vez que ese circuito corre estable durante una semana, recién ahí sumás el segundo. Así escalás con control y, sobre todo, aprendés a escribir stop rules claras para que el agente no se vuele. No tengas miedo de romperlo: los loops se ajustan probando. Lo importante es que cada ciclo te deje una lección. Con tres loops funcionando en tu profesión, ya vas a estar por delante del 90% de tu rubro.