En los años 70, un psicólogo del desarrollo llamado John Flavell estaba observando cómo se desarrollaba la mente de los niños y notó algo. A medida que crecen, no solo mejoran en recordar cosas: empiezan a ser conscientes de que están recordando, y a gestionar ese proceso a propósito. Flavell llamó a esto "pensar sobre el pensamiento" y en 1979 le dio el nombre que quedó: metacognición.
No fue el primero en notarlo. Filósofos desde John Locke hablaban de la mente reflejándose sobre sus propias operaciones. Pero Flavell lo convirtió en algo que los psicólogos podían estudiar, medir y eventualmente enseñar.
Desde entonces es una de las ideas más investigadas en psicología educativa, y por algo: aparece una y otra vez como uno de los predictores más fuertes de qué tan bien aprendemos, nos desempeñamos y decidimos. No la capacidad bruta de razonamiento. Qué tan bien monitoreamos y dirigimos nuestro propio pensar.