Cuando todos usan las mismas herramientas, el código es indistinguible. Los commits se ven iguales. Las features salen a la misma velocidad. En la superficie, estás compitiendo en productividad pura.
¿Qué define entonces la calidad?
Algo que ningún diff puede capturar: el gusto. El criterio estético. La decisión de qué construir, cómo estructurarlo, cuándo parar. Eso no es técnica. Es otra cosa.
La herramienta te da el output. El gusto decide si ese output vale la pena. Y esa decisión, por ahora, no la puede tomar ningún modelo.
Yo vengo del mundo editorial. Manejo Motor Digital Press, un grupo de medios con más de 30 millones de views por mes. El 70% del tráfico viene de Google Discover. No de búsqueda tradicional. Discover es un feed algorítmico que decide si mostrarte o no basado en señales de interés. Ahí el SEO técnico no alcanza. Lo que separa una nota que explota de una que muere es criterio editorial. El título justo. La foto que engancha sin caer en clickbait. El ritmo del texto que te hace quedarte. Eso no está en un diff de WordPress. No hay métrica que lo mida de antemano. Es gusto puro, entrenado durante 35 años de prueba y error.
Y lo mismo aplica al código, al diseño, a cualquier cosa que produzcas. El gusto editorial y el gusto técnico son la misma capacidad aplicada a distintos materiales.