"Ninguna neurona es inteligente. El cerebro sí."
— Una frase que debería estar tallada arriba de cada laboratorio de IA
Lo primero que hay que entender es que la inteligencia, por lo que podemos ver en todos los ejemplos que tenemos hoy, no es una cosa. Es un comportamiento. Es lo que emerge cuando suficientes unidades chicas y tontas se conectan entre sí de la manera correcta.
Tu cerebro tiene unos 86.000 millones de neuronas.
Ninguna de ellas es consciente y ninguna "sabe" nada.
Una neurona individual es un pequeño relé electroquímico que solo habla en código binario. O dispara, o no dispara, y eso depende de si las señales que llegan a sus dendritas cruzan cierto umbral. Eso es todo lo que hace.
Una neurona suena re sci-fi y cool, pero en realidad está mucho más cerca de un interruptor de luz que de un pensador.
Aun así, 86.000 millones de esos interruptores, cableados con unos cien billones de conexiones, producen vos.
Tu sentido de vos mismo, el miedo a la muerte, tu gusto musical y tu capacidad de leer este ensayo y sentir algo por dentro.
Este es el tema del que menos se habla en toda la conversación sobre la AGI, porque siempre hablamos de la inteligencia de las máquinas como si tuviera que estar diseñada y arquitecturada. Como si la inteligencia en sí fuera una función que se lanza en producción.
Pero el único modelo de inteligencia que observamos (la cognición biológica) no lo diseñó nadie.
Nuestra inteligencia se levantó sola desde una sopa de moléculas autorreplicantes a lo largo de cuatro mil millones de años, con un proceso que no tuvo intención, ni objetivo, ni planificador central. Solo presión de selección y tiempo.
Ahora, para el lado religioso, porque sé que algunos de los que leyeron "...no lo diseñó nadie" quieren gritarme "¡¿Y DIOS QUÉ?!":
Mi creencia es que la evolución pasó, sí. Eso ya está probado. Lo que no tenemos respuesta es qué arrancó esa evolución. Qué le dio vida a la vida. Y eso, mi creencia personal al menos, fue un acto de Dios.
Dejando eso de lado, cavemos una capa más profunda en esta superinteligencia.
No somos solo los humanos, che: una sola hormiga tiene unas 250.000 neuronas y no puede resolver ningún problema relevante.
Pero una colonia entera puede construir ciudades con clima controlado, librar guerras, cultivar hongos y rodear obstáculos con una eficiencia matemática que a los investigadores les llevó décadas modelar. (Y antes de que me salten: sí, sé que hay una hormiga reina, pero al contrario de lo que dicen muchos libros para chicos, no da órdenes. Solo pone huevos y agranda la colonia).
Esto, tanto en humanos como en hormigas, es lo que los biólogos llaman inteligencia emergente. Es el resultado por defecto de la madre naturaleza. Es cómo funcionan los cerebros, cómo funciona el sistema inmune, cómo funciona la economía, cómo funcionan las ciudades, cómo funciona el lenguaje. El patrón está en todos lados.
Muchas cosas simples, interactuando a través de reglas locales, produciendo un comportamiento global que ninguna de ellas entiende individualmente.
Agarrate esa idea.
La vamos a necesitar en la próxima sección.
