Los AI coding agents —Cursor, Copilot, Claude Code, el que uses— comparten un defecto de diseño: no tienen memoria entre sesiones. Cada vez que abrís una nueva, el agente arranca de cero. No sabe qué arquitectura elegiste, qué librerías usás, ni qué archivos son intocables.
El resultado son sesiones donde pasás más tiempo corrigiendo al agente que codeando. Le explicás tres veces lo mismo. Se carga el context window con ruido. Y cuando te descuidás, modificó un archivo de configuración que no tendría que haber tocado.