En 1993 Gullichsen era un tipo que sabía de mapeo de texturas biquadrático. Un término que hoy no le importa a nadie, pero que en su momento hizo que los tres fundadores de Nvidia —Jensen, Curtis Priem y Chris Malachowsky— fueran a visitarlo a su houseboat en Sausalito para ver una demo.
Le dieron 25.000 opciones. El acuerdo decía que vestían en un año, "en cuotas trimestrales".
Después Nvidia casi muere: Microsoft decidió no soportar su tecnología en DirectX, la empresa despidió a gran parte del personal. En abril de 1996, ya exiliado en Tonga, Gullichsen recibió una carta del CFO: 15.625 de sus opciones habían vestido. Las ejercitó y se olvidó del tema.
Acá viene el detalle. El acuerdo original decía un año de vesting, en cuatro trimestres. Nvidia le había dicho cuatro años. Con un año, las 25.000 opciones tendrían que haber vestido completas mucho antes de esa carta. Las 9.375 que "faltaban" —la diferencia entre 15.625 y 25.000— eran un error de interpretación del contrato.
Con los splits de la acción acumulados —480x— esas 9.375 opciones perdidas son hoy 4,5 millones de acciones de Nvidia.
Gullichsen contrató abogados serios, de letterheads con gravitas, como él dice. Un año de cartas cruzadas. La respuesta final de Nvidia: "denuncianos". Y el estatuto de limitaciones jugaba en contra: pasaron treinta años, y él "se sentó sobre sus derechos".
Lección suya: en Estados Unidos, una empresa solo tiene que honrar sus obligaciones contractuales por un tiempito.